Pedro estaba en el bar del hotel sosteniendo en su mano izquierda un ancho vaso de whisky con hielo, y en su derecha un cigarrillo negro que todavía no estaba encendido y relucía un gran cenicero de cristal redondo. La barra era de melamina verde y los pisos, las paredes y los cielorrasos de madera lustrada obscura con molduras, lo que generaba mucha calidez.
El barman le preguntaba cosas para indagarlo porque no sabía nada de él. Tenía pinta de turista y hablaba ingles como con acento español.
Era medianoche y no tenia sueño, pensaba en la entrevista del lunes con Mr. Tomas O'Connor.
Cuando volvió a la habitación 603, se sorprendió porque vio todo más ordenado que a las 20 Hs. , dado que a esas horas las mucamas no trabajan; pero, sin mucho cuestionamiento, se tiro vestido en la cama y se durmió boca arriba.
A la mañana siguiente, domingo muy caluroso en Londres, se baño, se afeito, se vistió con ropa muy liviana, y se fue a un pub en frente del hotel, se sentó en una mesa en la calle y tomo un gin tonic, mientras sacaba fotos con su equipo - Olimpus reflex - que tenía tres objetivos pesadísimos. Le sacaba a los carruajes y formaciones de soldados con uniformes muy vistosos que embellecían la calle que era muy pintoresca. Era una calle con muchos locales de antigüedades cuyos frentes estaban pintados de verde ingles con filetes dorados y unos toques de bermellón. El sol se reflejaba en todo lo brillante y se filtraba por las hojas de los arboles generando un ambiente ideal. Había baúles viejos afuera de las vidrieras y muchos negros africanos y mujeres árabes con pañuelos en la cabeza y vestidas onda gitanas.
De repente, un negro alto , flaco, con zapatos negro brillante, pantalón negro, camisa blanca prolijamente almidonada y tiradores también negros, que estaba sentado en una mesa cercana ,se acerco respetuosamente a su mesa y le pregunto :
--- Where are you from ?
--- B. A. Argentina.
--- Oh. qué casualidad, ambos somos latinoamericanos, yo soy colombiano.
Hablaron de la vida en Londres, el clima, el respeto de la gente, la política exterior inglesa, de los negocios, de Harrods, de los museos, de los policías, de Oxford y Cambridge, etc. etc. Y cuando la charla tomo cierta intimidad, el colombiano le ofreció conseguir alguna droga o algo para su estadía en Londres. A lo que Pedro le contesto que con mucho gusto aceptaría un poco de cannabis.
Tomaron un taxi - el típico londinense - y, al cabo de 20 minutos llegaron a la casa del dealer, que era un gordito petiso de cabellos rubios y ojos celestes. Los atendió en un living cargado de adornos hindúes, lámparas con pantallas de pergaminos ajados y telas transparentes de colores cálidos cubriéndolas. Había un olor a marihuana que provocaba una sonrisa automática a los que entraban.
El colombiano y el dealer intercambiaron algunas palabras en ingles cerrado, en voz baja y resulto que el tipo solo tenia hachís. Lo preparo mezclándolo con un poco de tabaco y lo disfrutaron sin mas preámbulos.
De vuelta, en el taxi, Pedro comento que antiguamente el cannabis se llevaba en una cajita y se le agregaba a la comida.
--- El Conde de Montecristo se la comía - dijo Pedro - refiriéndose al personaje principal de la novela de Alejandro Dumas
--- Yo también me la como - dijo el colombiano.
Puck - Agosto 2012 - Corregido el 11/06/13
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