18.7.22

 EL PACTO

Trilogía


Puck Feder


1. Ciudad del Este - Paraguay - Enero 1992.

- No quiero que tengas ese hijo. Yo puedo, por intermedio de mi viejo, llevarte a lo

de un médico muy bueno para que te lo saque, no duele y no es peligroso.

- Estás loco, no voy a abortar. Dios no me lo perdonaría jamás. Vos hacé lo que

quieras, no quiero verte más.

Sentía mucha angustia y bronca por no haber esperado para acostarse con un

hombre hasta formalizar casamiento como le había aconsejado el cura. Además no

había disfrutado del momento, que teóricamente debía ser agradable pero a ella le

resultó espantoso.

- Si lo querés tener, acordate siempre que yo soy el padre.

Se fue enojado corriendo bruscamente la mesa del bar y volcando la jarra con el

licuado de banana, pensando en que lo crie ella y que se lo mande cuando cumpla 20

años.

Ella estaba en una muy difícil situación. Los padres eran asiduos concurrentes a la

iglesia y no permitirían nunca que hiciese algo tan diabólico. Si se enteraban que el

chico era el hijo de un contrabandista de drogas, directamente la marginaban de la

familia.

El padre era Teniente Coronel del Ejército y Agregado Consular Argentino en

Ciudad del Este -Paraguay-.

El traslado de la familia a Buenos Aires era inmediato y ella siguió con su

embarazo. Ya vería como iba a manejar el asunto.

En Buenos Aires, le presentaron formalmente al Dr. José Pérez del Corral, hijo de

un colega de su padre y recién recibido de abogado militar. Sin haberse enamorado y

como no se le notaba todavía el bombo, se casaron.

No vivieron felices, ni comieron perdices. Pero ella no había interrumpido el

mandato divino.


2. Buenos Aires - Febrero 2012.

Cuando el coronel abogado José Pérez del Corral estaba atendiendo a la Sra.

Mercedes Funes, medio amiga y medio cliente, en su despacho particular de la calle

Lavalle, más o menos a las 16 hs. de un día caluroso de febrero; entró sin llamar su

secretaria Laura comunicándole que el comandante de gendarmería Camacho quería

hablar con él por línea privada.

- Hola, ¿cómo le va comandante?

- No muy bien doctor.

- No me diga que encontraron a Matías.

- Si doctor, pero lamentablemente fallecido.

José se hundió en una profunda depresión y el tema del divorcio que tenía que

resolver con Mercedes (que quería sacarle toda la plata y los bienes a su marido), le

pareció absurdo, ridículo y totalmente insignificante al lado de la bomba que había

impactado profundamente en su pecho.

Cuando el dolor le dio paso a la bronca, se prometió que iba a matar al responsable

y se puso un plazo de diez días.

Esa misma noche voló a Puerto Iguazú donde lo esperaba el comandante

Camacho, que le contó que Matías estaba involucrado en el tráfico de drogas y que

tenía contactos frecuentes con el Pai (por paisano y no por brujo) –capo mafia local-.

José le discutió acaloradamente que no podía ser y que de ninguna manera iba a

aceptar que su hijo, ejemplo de virtud, muy bien educado y con valores religiosos muy

arraigados -los cuales fueron incorporados por él en su infancia, con el látigo, a sangre

y fuego- iba a meterse en ese ambiente.

José dio un portazo, averiguó la dirección de la morgue judicial y se fue caminando

en la calurosa noche de Misiones.

El forense de turno, Dr. García de la Vega, le informó que lo habían encontrado al

borde del río Iguazú, semidesnudo, con vestigios de semen en el ano y con tres

orificios de bala calibre 9 mm en la nuca.


Pensaba que se había equivocado, que le había salido un hijo que era todo lo

contrario de lo que había sido su diseño. El diablo se interpuso.

Se sintió responsable y sin pensarlo dos veces, en un acto de arrebato, desenfundó

su pistola reglamentaria que llevaba en una sobaquera y con movimientos torpes

colocó el cañón en su boca y apretó el gatillo.


3. Gobernador Gregores.

María Luz Landaburu, viuda de José Pérez del Corral, al año de la muerte de su

esposo e hijo mayor, se había ido a vivir a una estancia en el centro geográfico de la

Provincia de Santa Cruz. Felipe, el hijo que le quedaba, se quedó en Buenos Aires

viviendo en el departamento de la calle Quintana.

Cuando llegó al pequeño aeropuerto de Gobernador Gregores con el avión que

había abordado en Comodoro Rivadavia, estaba esperándola Don Tadeo, 53 años,

alto, flaco, de cara huesuda y bigotes con las puntas levantadas, un tipo parco pero que

irradiaba mucha calidez.

- ¿La señora Maria Landaburu?

- Si.

- Soy el capataz de La Flecha Plateada, bienvenida a este lejano lugar.

- Muchas gracias.

- Tenemos 45 minutos de viaje para llegar al casco, ¿quiere tomar algo antes?

- Bueno, una gaseosa.

Tomaron una coca-cola light cada uno y se fueron a la camioneta F-100 con

destino a la estancia.

María, con 38 años, se había olvidado de los enredos de su juventud y, para su

grata sorpresa, se enamoró de una forma totalmente adolescente de Don Tadeo en ese

viaje que duró 45 minutos desde el aeropuerto hasta el casco de La Flecha Plateada,

estancia de 20.000 hectáreas de la tía Dolores. Él le despertaba una ternura y una

confianza que nunca había sentido con el paraguayo ni con José.

Ahora, al año de haber comenzado ese vínculo afectivo, en su cuarto palaciego del

casco de ese campo -tan lujoso y tan solitario-, recordaba melancólicamente a José, a

su hijo Matías y su pacto con el diablo, que por no haber abortado ya le había costado

dos vidas, y se hundía en su antigua y profunda tristeza.

Con José no podía tener una vida, era un apéndice de la vida rígida y formal del

militar; en cambio en la estancia y con la relación que tenía ahora, se sentía más libre,


con mas proyectos; Tadeo la comprendía, la quería y la protegía como nunca lo habían

hecho sus padres y los curas que, de alguna manera, eran los culpables de su destino.

Tadeo le enseñaba todas las tareas de la estancia. Generalmente pasaban mucho

tiempo del día en el galpón de esquila totalmente construido en madera oscura

barnizada, donde la sensación era de una absoluta calidez. Destacaban en el piso de

madera montones de lana recién cortada, las ovejas que caminaban peladas hasta la

rampa por donde bajaban al potrero y algunos cueros de pumas que Tadeo cazaba

para hacerle abrigos a la tía Dolores, que desde ahora serian para ella.

Un día, en la tranquilidad de esa rutina, a las 12,30 del mediodía, aparece un

hombre en las escalinatas del casco de la estancia -que había llegado con un auto

negro- y se presento como comisario inspector Zavalía.

- Tengo una orden de arresto dictada por el juez Rosales del juzgado en lo penal

N° 2 de la Provincia de Misiones para la señora María Luz Landaburu.

La mucama buscó a María que estaba en el galpón de esquila de madera y al

comunicarle la noticia, se le doblaron las piernas y se cayó al piso.

Cuando se repuso del débil desmayo, el comisario Zavalía, que estaba a cargo de

la investigación del asesinato mafioso de su hijo Matías, le leyó el informe judicial

donde explicaba la relación que María había tenido con el Pai, capo mafia de la droga

de las Tres Fronteras, en su juventud, antes de conocer a José, y del contacto que

había relacionado a su hijo con el Pai para armar un operativo de tráfico de narcóticos.

Aparentemente Matías, amén de haberse involucrado, se habría guardado algún

vuelto. Y su muerte había sido una consecuencia de aquel pacto siniestro en el que

María, por cumplir con Dios, le vendió su hijo al Diablo.

Subieron al Citroen C4 negro con destino al pequeño aeropuerto de Gobernador

Gregores.

15.4.16

EL PACTO -- Trilogía --1. Ciudad del Este - Paraguay - Enero 1992. -
Primera parte

 No quiero que tengas ese hijo.  Yo puedo, por intermedio de mi viejo, llevarte a lo de un medico muy bueno, que conoce mi padre, para que te lo saque, no duele y no es peligroso.

El padre de el era el jefe de un cartel importante y tenía mucho poder en ese Paraguay de Stroestner donde la corrupción era total y el país se manejaba con onda mafiosa. Hacia dos días habían matado a un competidor, primero reventándolo a golpes y para terminar, de dos tiros en la frente. El, con solo 18 años, fue testigo de ese espectáculo tan violento sanguinario y satánico.

El médico propuesto era el de los capos de ese cartel que vivian en una hacienda alejada del pueblo Pedro Juan Caballero, a quinientos kilómetros de Ciudad de Este  hacia el norte - frontera con Brasil - donde el  noventa por ciento de las tierras estaban sembradas de plantaciones de canabis; y tenían una custodia de cincuenta y cinco sicarios adiestrados, todos muy fieles al Pai - no les quedaba otra alternativa porque si no eran hombres muertos, ante la mas mínima sospecha de deslealtad -


- Estás loco, no voy a abortar. Dios no me lo perdonaría jamás. Vos hace lo que quieras, no quiero verte más. 

Sentía mucha angustia y bronca por no haber esperado para acostarse con un hombre hasta formalizar casamiento, como le había aconsejado el cura. Además no había disfrutado del momento, que teóricamente debía ser agradable pero a ella le resulto espantoso.  Pero era su debut sexual y la curiosidad le nublo la mente. No se dio cuenta los riesgos que corría y que el pibe era muy trastornado por el ambiente donde se desarrollo, con una madre totalmente anestesiada en sus sentimientos.

--- Si lo querés tener, acordate siempre que yo soy el padre. Va a ser sangre de mi sangre y yo voy a querer disfrutarlo y aunque le consigas un apellido, en algún momento, no se cuando, buscare un acercamiento aunque me cueste lo que me cueste.

Se fue enojado corriendo bruscamente la mesa del bar y volcando la jarra con el licuado de banana, 

Ella fue directamente. desesperada y sin saber que hacer, a la parroquia a ver al Padre Facundo.

--- Hola Padre, dijo llorando, y casi sin fuerzas en sus musculos. No sé qué hacer. 

--- Que te sucede hija.

---Jose, el hijo del Pai, me dejo embarazada y  quiere que aborte. Si no me lo saco dice que en algún momento le dirá al chico la verdad y va a tratar de recuperar su afecto e introducirlo en su ambiente familiar.

--- Cualquier cosa  menos abortar. Lo que Dios manda no debe modificarse.
--- Estoy muy confundida y arrepentida y no sé cómo salir de esta. Estuve pensando en matarme y asi todo se resuelve.

--- No, de ninguna manera, Dios te va  a ayudar.

--- Que difícil que es la vida. Que haría sin sus consejos ?

--- Dios siempre va a acompañarte, nunca va a dejar de quererte.

--- Si algún día te surgen dudas y yo no estoy cerca, acordarte de ir a una Iglesia y rezar. Dios te va a iluminar para tus decisiones.

--- Gracias Padre.

--- Ve con Dios hijita mía.

La palabra del cura le había caído como un mandato divino e incuestionable.  

Los padres eran muy religiosos, asiduos concurrentes a la iglesia y no la ayudarían para nada. No podía hablar del tema con ellos.
Si se enteraban que el chico era el hijo de un contrabandista de drogas, directamente la marginarían de la familia enviándola a un internado católico hasta que naciera le criatura y luego entregándola  a otra familia.

El padre era Teniente Coronel del Ejército  y Agregado Consular  Argentino en Ciudad del Este  - Paraguay - .

El traslado de la familia a Buenos Aires era inmediato y ella siguió con su embarazo. Ya vería como iba a manejar el asunto.

En Buenos Aires, le presentaron formalmente al Dr. José Pérez del Corral, hijo de un colega de su padre y recién recibido de abogado militar. Sin haberse enamorado y como no se le notaba todavía el bombo, se casaron.

No vivieron felices, ni comieron perdices. Pero ella no había interrumpido el mandato divino.


7.11.13

Cronica de un padre

Crónica de un padre

Manuel Federman había nacido el 17 de agosto de 1913 en Buenos Aires. Sus padres eran inmigrantes recién llegados de Kiev. Se graduó de ingeniero civil y trabajaba como gerente en la empresa constructora de un amigo de la facultad que no llego a recibirse.
Se levantaba a las cinco de la mañana para llegar a las obras antes que los obreros. Cuando yo estudiaba en la facultad el me ayudaba a entender los temas, que para mi eran jeroglíficos. Pero una vez que me fue mal en un examen me dijo, mientras se afeitaba,  que yo no tenia uñas de guitarrero. Y ahora a cuarenta años de su muerte, esas palabras todavía repiquetean en mi memoria y a pesar del inmenso dolor que me causaron, me sirvieron para luchar y conseguir lo que me proponía, como un desafío.
Un día, como todos, llego a casa a las cinco de la tarde, y se lo notaba muy agitado y contó que un gremialista  armado con una pistola, lo había seguido desde la obra hasta mi casa. Por suerte no paso nada.
En la empresa le asignaron un jeep Willis y yendo a controlar un obra muy grande en Wilde, chocó en Libertador y Salguero. Eran las seis de la mañana, se encandiló con la luz del amanecer que venia de frente y se metió entre el camión y el acoplado. El jeep se incendió. Salio arrastrándose y lo llevaron al Hospital Fernandez. Tuvo una quemadura de tercer grado en las nalgas, el globo ocular izquierdo totalmente salido y un corte importante en la mano derecha. Yo tenía nueve años. 
Era ateo pero después de ese accidente decía que había vuelto a nacer y comenzó a ayunar el día del perdón. 
Otro día lo atropello un colectivo sin mayores consecuencias.
Cuando yo tenia 15 años, los domingos nos sentábamos en un sillón y abrazados veíamos a Tato Bores, que hablaba rápido y de temas políticos.Me costaba mucho entender de lo que hablaba, pero igual me gustaba el abrazo y estar con él.  
En fin, yo lo quería mucho, pero dependía tanto de él, que cuando se murió de un segundo infarto en la ciudad de Corrientes, trabajando; mi dolor fue inmenso, pero no llore.   
Ahora, a los cien años de su nacimiento, está a punto de nacer mi nieto, que, porque a mi hijo y a mi nuera les gusta el nombre, también se llamara Manuel Federman.

Puck Feder --Noviembre de 2013

30.10.13

1945


Los tiros y las explosiones habían cesado. La ciudad humeaba y los escombros cortaban las calles desiertas. El sol iba desapareciendo y ella caminaba sin saber a dónde ir. Tenía miedo y hambre su ropa estaba sucia y rota y pensó que se tiraría a dormir en el bosque al amparo del roble donde en su infancia trepaba con su amigo Tommy. Del susto del bombardeo su corazón le latía intensamente y su cabeza estaba totalmente confundida. Había visto a toda su familia muerta alrededor de la mesa del comedor que estaba destrozada y llena de sangre. Sus dos padres, su hermano Peter y su pastor alemán Homer.  

Cuando la bomba cayó sobre su casa ella estaba cumpliendo con su deber de enfermera en el Hospital St. Gregory que quedaba a una cuadra de la casa.

Las calles se iban poblando y la gente corría hacia el bosque.

No quiso volver al hospital. No daba más. Ya casi sin fuerzas se cayó desvanecida antes de llegar a su refugio.  

 

Cuando se despertó vio a su amigo Tommy, que, en las mismas condiciones que ella estaba llorando  desconsoladamente y surgió un abrazo que sello sus destinos.  

Al año de estos sucesos, la vida los encontró en la ciudad de Bristol, ella cumpliendo con su trabajo de enfermera, ya sin tanta presión porque la guerra había terminado  y el había conseguido un trabajo en la conserjería del hotel más importante de la ciudad.  Habían alquilado un departamento de un ambiente y llevaban una vida normal, con sus almas doloridas y sus corazones destrozados.

Una mañana, el perro de su vecina se estaciono en la puerta de entrada del departamentito de ellos, lloraba y ladraba.  

Cuando llego la policía los encontró abrazados en la cama y con un frasco de pastillas abierto y vacio.

Le habían prohibido comer azúcar refinada. Vio los caramelos de café en un canasto chico sobre la mesa de reuniones. El negocio era de cincuenta mil pesos. Comió tres caramelos de golpe y se desmayo. Su ansiedad lo mato.

4.8.13

Gran Bazar "Kapalicarsi"

Tenía una planimetría laberíntica y era un flash de coloridos brillantes. muchísimo mas grande que Unicenter y tan antiguo como el Coliseo Romano.
Se respiraba mucha adrenalina, entre los vendedores y los compradores se generaba un vinculo casi erótico. Los turcos te invitaban a visitar sus locales de una manera excesivamente amable y te decían que no había ningún compromiso para comprar; pero después no te dejaban salir si no comprabas y la negociación se hacía interminable.

Los espacios entre los locales enfrentados estaban inundados de turistas de todo el mundo. Podía comprarse cualquier cosa, desde un escarbadientes hasta una alfombra persa de diez metros de largo.

8.7.13

Mis dos tazones de te - version dos -


                                     
Una mañana de mayo, hacia mucho frio en el bosque de Cariló. Como alrededor del ochenta por ciento de los  veinticuatro mil quinientos cuarenta y cinco días de mi vida, me levanté temprano. Las tres mujeres que estaban conmigo en esas mini vacaciones dormían plácidamente como los tres mosqueteros unidos por el sueño.

Antes de lavarme la cara y cepillarme los dientes, puse a calentar el agua para mis dos tazones de té, cortados con una gotita de leche descremada sin azúcar ni edulcorantes, que me ayudan a enfrentar la cotidianeidad y a cubrir las necesidades de agua que aconsejan los médicos.

- Holaaaahhh, me dijo Claudia suavemente por detrás mío y con una cara de luna llena, me puso una bufanda  escocesa en tonos beige muy british  que habíamos comprado en Londres.