Los tiros y
las explosiones habían cesado. La ciudad humeaba y los escombros cortaban las
calles desiertas. El sol iba desapareciendo y ella caminaba sin saber a dónde
ir. Tenía miedo y hambre su ropa estaba sucia y rota y pensó que se tiraría a
dormir en el bosque al amparo del roble donde en su infancia trepaba con su
amigo Tommy. Del susto del bombardeo su corazón le latía intensamente y su
cabeza estaba totalmente confundida. Había visto a toda su familia muerta
alrededor de la mesa del comedor que estaba destrozada y llena de sangre. Sus
dos padres, su hermano Peter y su pastor alemán Homer.
Cuando la
bomba cayó sobre su casa ella estaba cumpliendo con su deber de enfermera en el
Hospital St. Gregory que quedaba a una cuadra de la casa.
Las calles
se iban poblando y la gente corría hacia el bosque.
No quiso
volver al hospital. No daba más. Ya casi sin fuerzas se cayó desvanecida antes
de llegar a su refugio.
Cuando se despertó
vio a su amigo Tommy, que, en las mismas condiciones que ella estaba
llorando desconsoladamente y surgió un
abrazo que sello sus destinos.
Al año de
estos sucesos, la vida los encontró en la ciudad de Bristol, ella cumpliendo
con su trabajo de enfermera, ya sin tanta presión porque la guerra había
terminado y el había conseguido un
trabajo en la conserjería del hotel más importante de la ciudad. Habían alquilado un departamento de un
ambiente y llevaban una vida normal, con sus almas doloridas y sus corazones
destrozados.
Una mañana,
el perro de su vecina se estaciono en la puerta de entrada del departamentito
de ellos, lloraba y ladraba.
Cuando
llego la policía los encontró abrazados en la cama y con un frasco de pastillas
abierto y vacio.
No se cual fue la consigna, pero me gusto mucho Richard!
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