30.10.13

1945


Los tiros y las explosiones habían cesado. La ciudad humeaba y los escombros cortaban las calles desiertas. El sol iba desapareciendo y ella caminaba sin saber a dónde ir. Tenía miedo y hambre su ropa estaba sucia y rota y pensó que se tiraría a dormir en el bosque al amparo del roble donde en su infancia trepaba con su amigo Tommy. Del susto del bombardeo su corazón le latía intensamente y su cabeza estaba totalmente confundida. Había visto a toda su familia muerta alrededor de la mesa del comedor que estaba destrozada y llena de sangre. Sus dos padres, su hermano Peter y su pastor alemán Homer.  

Cuando la bomba cayó sobre su casa ella estaba cumpliendo con su deber de enfermera en el Hospital St. Gregory que quedaba a una cuadra de la casa.

Las calles se iban poblando y la gente corría hacia el bosque.

No quiso volver al hospital. No daba más. Ya casi sin fuerzas se cayó desvanecida antes de llegar a su refugio.  

 

Cuando se despertó vio a su amigo Tommy, que, en las mismas condiciones que ella estaba llorando  desconsoladamente y surgió un abrazo que sello sus destinos.  

Al año de estos sucesos, la vida los encontró en la ciudad de Bristol, ella cumpliendo con su trabajo de enfermera, ya sin tanta presión porque la guerra había terminado  y el había conseguido un trabajo en la conserjería del hotel más importante de la ciudad.  Habían alquilado un departamento de un ambiente y llevaban una vida normal, con sus almas doloridas y sus corazones destrozados.

Una mañana, el perro de su vecina se estaciono en la puerta de entrada del departamentito de ellos, lloraba y ladraba.  

Cuando llego la policía los encontró abrazados en la cama y con un frasco de pastillas abierto y vacio.

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