7.11.13

Cronica de un padre

Crónica de un padre

Manuel Federman había nacido el 17 de agosto de 1913 en Buenos Aires. Sus padres eran inmigrantes recién llegados de Kiev. Se graduó de ingeniero civil y trabajaba como gerente en la empresa constructora de un amigo de la facultad que no llego a recibirse.
Se levantaba a las cinco de la mañana para llegar a las obras antes que los obreros. Cuando yo estudiaba en la facultad el me ayudaba a entender los temas, que para mi eran jeroglíficos. Pero una vez que me fue mal en un examen me dijo, mientras se afeitaba,  que yo no tenia uñas de guitarrero. Y ahora a cuarenta años de su muerte, esas palabras todavía repiquetean en mi memoria y a pesar del inmenso dolor que me causaron, me sirvieron para luchar y conseguir lo que me proponía, como un desafío.
Un día, como todos, llego a casa a las cinco de la tarde, y se lo notaba muy agitado y contó que un gremialista  armado con una pistola, lo había seguido desde la obra hasta mi casa. Por suerte no paso nada.
En la empresa le asignaron un jeep Willis y yendo a controlar un obra muy grande en Wilde, chocó en Libertador y Salguero. Eran las seis de la mañana, se encandiló con la luz del amanecer que venia de frente y se metió entre el camión y el acoplado. El jeep se incendió. Salio arrastrándose y lo llevaron al Hospital Fernandez. Tuvo una quemadura de tercer grado en las nalgas, el globo ocular izquierdo totalmente salido y un corte importante en la mano derecha. Yo tenía nueve años. 
Era ateo pero después de ese accidente decía que había vuelto a nacer y comenzó a ayunar el día del perdón. 
Otro día lo atropello un colectivo sin mayores consecuencias.
Cuando yo tenia 15 años, los domingos nos sentábamos en un sillón y abrazados veíamos a Tato Bores, que hablaba rápido y de temas políticos.Me costaba mucho entender de lo que hablaba, pero igual me gustaba el abrazo y estar con él.  
En fin, yo lo quería mucho, pero dependía tanto de él, que cuando se murió de un segundo infarto en la ciudad de Corrientes, trabajando; mi dolor fue inmenso, pero no llore.   
Ahora, a los cien años de su nacimiento, está a punto de nacer mi nieto, que, porque a mi hijo y a mi nuera les gusta el nombre, también se llamara Manuel Federman.

Puck Feder --Noviembre de 2013

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