15.4.16

EL PACTO -- Trilogía --1. Ciudad del Este - Paraguay - Enero 1992. -
Primera parte

 No quiero que tengas ese hijo.  Yo puedo, por intermedio de mi viejo, llevarte a lo de un medico muy bueno, que conoce mi padre, para que te lo saque, no duele y no es peligroso.

El padre de el era el jefe de un cartel importante y tenía mucho poder en ese Paraguay de Stroestner donde la corrupción era total y el país se manejaba con onda mafiosa. Hacia dos días habían matado a un competidor, primero reventándolo a golpes y para terminar, de dos tiros en la frente. El, con solo 18 años, fue testigo de ese espectáculo tan violento sanguinario y satánico.

El médico propuesto era el de los capos de ese cartel que vivian en una hacienda alejada del pueblo Pedro Juan Caballero, a quinientos kilómetros de Ciudad de Este  hacia el norte - frontera con Brasil - donde el  noventa por ciento de las tierras estaban sembradas de plantaciones de canabis; y tenían una custodia de cincuenta y cinco sicarios adiestrados, todos muy fieles al Pai - no les quedaba otra alternativa porque si no eran hombres muertos, ante la mas mínima sospecha de deslealtad -


- Estás loco, no voy a abortar. Dios no me lo perdonaría jamás. Vos hace lo que quieras, no quiero verte más. 

Sentía mucha angustia y bronca por no haber esperado para acostarse con un hombre hasta formalizar casamiento, como le había aconsejado el cura. Además no había disfrutado del momento, que teóricamente debía ser agradable pero a ella le resulto espantoso.  Pero era su debut sexual y la curiosidad le nublo la mente. No se dio cuenta los riesgos que corría y que el pibe era muy trastornado por el ambiente donde se desarrollo, con una madre totalmente anestesiada en sus sentimientos.

--- Si lo querés tener, acordate siempre que yo soy el padre. Va a ser sangre de mi sangre y yo voy a querer disfrutarlo y aunque le consigas un apellido, en algún momento, no se cuando, buscare un acercamiento aunque me cueste lo que me cueste.

Se fue enojado corriendo bruscamente la mesa del bar y volcando la jarra con el licuado de banana, 

Ella fue directamente. desesperada y sin saber que hacer, a la parroquia a ver al Padre Facundo.

--- Hola Padre, dijo llorando, y casi sin fuerzas en sus musculos. No sé qué hacer. 

--- Que te sucede hija.

---Jose, el hijo del Pai, me dejo embarazada y  quiere que aborte. Si no me lo saco dice que en algún momento le dirá al chico la verdad y va a tratar de recuperar su afecto e introducirlo en su ambiente familiar.

--- Cualquier cosa  menos abortar. Lo que Dios manda no debe modificarse.
--- Estoy muy confundida y arrepentida y no sé cómo salir de esta. Estuve pensando en matarme y asi todo se resuelve.

--- No, de ninguna manera, Dios te va  a ayudar.

--- Que difícil que es la vida. Que haría sin sus consejos ?

--- Dios siempre va a acompañarte, nunca va a dejar de quererte.

--- Si algún día te surgen dudas y yo no estoy cerca, acordarte de ir a una Iglesia y rezar. Dios te va a iluminar para tus decisiones.

--- Gracias Padre.

--- Ve con Dios hijita mía.

La palabra del cura le había caído como un mandato divino e incuestionable.  

Los padres eran muy religiosos, asiduos concurrentes a la iglesia y no la ayudarían para nada. No podía hablar del tema con ellos.
Si se enteraban que el chico era el hijo de un contrabandista de drogas, directamente la marginarían de la familia enviándola a un internado católico hasta que naciera le criatura y luego entregándola  a otra familia.

El padre era Teniente Coronel del Ejército  y Agregado Consular  Argentino en Ciudad del Este  - Paraguay - .

El traslado de la familia a Buenos Aires era inmediato y ella siguió con su embarazo. Ya vería como iba a manejar el asunto.

En Buenos Aires, le presentaron formalmente al Dr. José Pérez del Corral, hijo de un colega de su padre y recién recibido de abogado militar. Sin haberse enamorado y como no se le notaba todavía el bombo, se casaron.

No vivieron felices, ni comieron perdices. Pero ella no había interrumpido el mandato divino.


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