EL PACTO -- Trilogía --1. Ciudad del Este
- Paraguay - Enero 1992. -
Primera parte
- No
quiero que tengas ese hijo. Yo
puedo, por intermedio de mi viejo, llevarte a lo de un medico muy bueno, que
conoce mi padre, para que te lo saque, no duele y no es peligroso.
El padre de el era el jefe de un cartel
importante y tenía mucho poder en ese Paraguay de Stroestner donde la
corrupción era total y el país se manejaba con onda mafiosa. Hacia dos días
habían matado a un competidor, primero reventándolo a golpes y para terminar, de
dos tiros en la frente. El, con solo 18 años, fue testigo de ese espectáculo
tan violento sanguinario y satánico.
El médico propuesto era el de los capos de
ese cartel que vivian en una hacienda alejada del pueblo Pedro Juan Caballero,
a quinientos kilómetros de Ciudad de Este
hacia el norte - frontera con Brasil - donde el noventa por ciento
de las tierras estaban sembradas de plantaciones de canabis; y tenían una
custodia de cincuenta y cinco sicarios adiestrados, todos muy fieles al Pai -
no les quedaba otra alternativa porque si no eran hombres muertos, ante la mas
mínima sospecha de deslealtad -
- Estás loco, no voy a abortar. Dios no me
lo perdonaría jamás. Vos hace lo que quieras, no quiero verte más.
Sentía mucha angustia y bronca por no
haber esperado para acostarse con un hombre hasta formalizar casamiento, como
le había aconsejado el cura. Además no había disfrutado del momento, que
teóricamente debía ser agradable pero a ella le resulto espantoso. Pero era
su debut sexual y la curiosidad le nublo la mente. No se dio cuenta los riesgos
que corría y que el pibe era muy trastornado por el ambiente donde se
desarrollo, con una madre totalmente anestesiada en sus sentimientos.
--- Si lo querés tener, acordate siempre
que yo soy el padre. Va a ser sangre de mi sangre y yo voy a querer disfrutarlo
y aunque le consigas un apellido, en algún momento, no se cuando, buscare un
acercamiento aunque me cueste lo que me cueste.
Se fue enojado corriendo bruscamente la
mesa del bar y volcando la jarra con el licuado de banana,
Ella fue directamente. desesperada y sin
saber que hacer, a la parroquia a ver al Padre Facundo.
--- Hola Padre, dijo llorando, y casi sin
fuerzas en sus musculos. No sé qué hacer.
--- Que te sucede hija.
---Jose, el hijo del Pai, me dejo
embarazada y quiere que aborte. Si no me lo saco dice que en
algún momento le dirá al chico la verdad y va a tratar de recuperar su afecto e
introducirlo en su ambiente familiar.
--- Cualquier cosa menos abortar. Lo que Dios manda no debe modificarse.
--- Estoy muy confundida y arrepentida y
no sé cómo salir de esta. Estuve pensando en matarme y asi todo se resuelve.
--- No, de ninguna manera, Dios te va a ayudar.
--- Que difícil que es la vida. Que haría
sin sus consejos ?
--- Dios siempre va a acompañarte, nunca
va a dejar de quererte.
--- Si algún día te surgen dudas y yo no
estoy cerca, acordarte de ir a una Iglesia y rezar. Dios te va a iluminar para
tus decisiones.
--- Gracias Padre.
--- Ve con Dios hijita mía.
La palabra del cura le había caído como un
mandato divino e incuestionable.
Los padres eran muy religiosos, asiduos
concurrentes a la iglesia y no la ayudarían para nada. No podía hablar del tema
con ellos.
Si se enteraban que el chico era el hijo
de un contrabandista de drogas, directamente la marginarían de la familia
enviándola a un internado católico hasta que naciera le criatura y luego
entregándola a otra familia.
El padre era Teniente Coronel del
Ejército y Agregado Consular Argentino en Ciudad del Este - Paraguay - .
El traslado de la familia a Buenos Aires
era inmediato y ella siguió con su embarazo. Ya vería como iba a manejar el
asunto.
En Buenos Aires, le presentaron
formalmente al Dr. José Pérez del Corral, hijo de un colega de su padre y
recién recibido de abogado militar. Sin haberse enamorado y como no se le
notaba todavía el bombo, se casaron.
No vivieron felices, ni comieron perdices.
Pero ella no había interrumpido el mandato divino.
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