6.7.13

Mis dos tazones de te

Una mañana de mayo, hacia mucho frio en el bosque de Cariló. Como alrededor del ochenta por ciento de los  veinticuatro mil quinientos cuarenta y cinco días de mi vida, me levanté temprano. Las tres mujeres que estaban conmigo en esas mini vacaciones dormían plácidamente.

Antes de lavarme la cara y cepillarme los dientes, puse a calentar el agua para mis dos tazones de té, cortados con una gotita de leche descremada, sin azúcar ni edulcorantes, que me ayudan a enfrentar la cotidianeidad y a cubrir las necesidades de agua que aconsejan los médicos.


La mañana es mi momento. Me siento inteligente y fuerte y a medida que pasa el día voy perdiendo energías.

Me calcé los pantalones negros de jogging y me abrigué con un buzo, una campera y una bufanda que me prestó Claudia. Y como un soldado en la nieve, salí a caminar por el bosque.

Los autos estaban cubiertos de hielo, y todos se veían  blancos. La arena de las calles estaba húmeda y los primeros rayos del sol  se filtraban entre los muchos árboles de las calles y de los parque de las casas.

Hacia frio, pero la sensación de pureza del aire que aspiraba y exhalaba por la nariz, me llenaba los pulmones y me generaba una postura de atleta, que me hacía sentir 10 años más joven. 

En ese estado casi de éxtasis, me acordé de los dos tazones de té,  e inmediatamente me invadieron unas ganas insoportables de orinar.

Tenía que resolver esa situación, no aguantaba más, y sin más trámites, satisfice mi necesidad biológica sobre un cantero lleno de flores de lavanda, al lado de una tranquera de una casa.

Mientras descargaba mi vejiga, como disimulando, mire hacia arriba de la tranquera y vi un cartelito de loza blanca y letras azules que decía ¨ Sonría, lo estamos filmando ¨.
Puck      06-07-2013
 

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