4.8.13

Gran Bazar "Kapalicarsi"

Tenía una planimetría laberíntica y era un flash de coloridos brillantes. muchísimo mas grande que Unicenter y tan antiguo como el Coliseo Romano.
Se respiraba mucha adrenalina, entre los vendedores y los compradores se generaba un vinculo casi erótico. Los turcos te invitaban a visitar sus locales de una manera excesivamente amable y te decían que no había ningún compromiso para comprar; pero después no te dejaban salir si no comprabas y la negociación se hacía interminable.

Los espacios entre los locales enfrentados estaban inundados de turistas de todo el mundo. Podía comprarse cualquier cosa, desde un escarbadientes hasta una alfombra persa de diez metros de largo.


Había cosas muy autenticas como las prendas de cuero turco ( muy elogiado por ellos mismos ) o las joyas de plata y oro, y también cosas retruchas como las prendas de marcas mundiales.
Tiene como diez entradas que son arcadas sobre las calles circundantes, que a su vez, están abarrotadas de puestos de frutas mezclados con otros de ropa y con los que venden shawarma ( un cucurucho de un pan laminado relleno de pollo o carne y algunos vegetales. El olor a fritura que te abre el apetito al principio, después de comer se torna desagradable.
Los turcos tenían una pinta que me inspiraba miedo, pero en realidad, eran muy correctos y amables.
Mientras caminaba por allí, en una vidriera, vi una campera azul con el cuello a cuadros verdes y blancos y entre a preguntar, y después de una larga charla en un ingles aturcado , el vendedor iba rebajándome el precio a medida que yo iba yéndome del negocio, y llego hasta el 50 % de lo que me había pedido. Igual no la compre, porque era imitación.
Seguí caminando hasta que, de pronto, en la zona del los cafés, vi a Henning Mankell sentado solo tomando un café turco.
Me emocione hasta las lagrimas.

- Hello Henning, how are you, I am one of yours fans from Buenos Aires..........

Y durante cuatro minutos y medio le hable en ingles mientras mi cara transpiraba gotas gordas por la dificultad que generaba la comunicación con un sueco en Estambul.
El tipo asentía y sonreía constantemente sin decir palabra alguna. Tenía una dentadura perfecta y una sonrisa dulce y acogedora que delataba sus 65 años de vida. Su camisa era rayada verticalmente en franjas blancas y negras como en una foto que durante varios meses fue fondo de pantalla de mi computadora. El pelo blanco y abundante y sus ojos celestes irradiaban una sensación de bondad y sabiduría y transmitían mucha paz y tranquilidad. El vivía 6 meses en Estocolmo y el resto del año en Maputo que es la capital de Mozanbique, país Sudafricano que fue colonia portuguesa. Allí es director del teatro nacional y hace obras de caridad para que la gente de ese país pobre pueda vivir un poco mejor.
En octubre de 2009 vino a Buenos Aires a una feria del libro y me autografió ¨ La leona blanca ¨.
Cuando ya estaba muy intrigado porque no hablaba, de repente se acerca una mujer de mediana edad con una pollera larga y negra con lunares blancos y una camisola blanca con un toque de color rojo en un pañuelo alrededor del cuello que parecía de un Modigliani y en perfecto español le dice - Carlos, por favor, págale al mozo y volvamos al hotel que es tarde.

Puck 04-08-2013

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